Desarrollo humano y PYMES

Los cambios experimentados a nivel mundial a lo largo del último siglo han dado lugar a un panorama global de interdependencia nunca antes visto. La tan citada globalización ya no se ciñe simplemente al ámbito económico, cada vez más afecta a muchos otros aspectos de nuestras vidas. Las desigualdades, el desempleo, la fragmentación social y el deterioro medioambiental son ejemplos de problemas globales con consecuencias para el conjunto de la humanidad. La complejidad de los retos actuales hace necesaria la búsqueda de nuevos modelos en los que participen todos los segmentos de la sociedad, coordinando esfuerzos para conseguir resultados coherentes y sostenibles.

Concepto de desarrollo humano

Durante décadas ha primado una opción esencialmente “economicista” del desarrollo, que se ha ido reforzando de la mano del proceso de globalización de los mercados. Cuando el desarrollo se explica y se mide en función del crecimiento de las magnitudes macroeconómicas de los países, la cifra de evolución del Producto Interior Bruto se convierte en su indicador esencial, y el crecimiento del capital financiero centra todos los esfuerzos, aunque sea en detrimento de otros capitales.

Al trasladar esta visión al problema del subdesarrollo, no caben muchas dudas sobre qué hay que hacer para salir de la espiral de miseria que afecta a un país pobre. Se debe ser determinante y enérgico en la aplicación de adecuadas medidas de disciplina y ajuste económico, y abrir la economía a los mercados internacionales, aunque falten instituciones y capacidades para competir en ellos en unas condiciones de mínima simetría. Esto hicieron muchos países pobres, bajo el amparo de determinadas instituciones financieras internacionales (Stiglitz, 2006). Entretanto, recibían una ayuda internacional dispersa y poco coordinada, en manos de Agencias Internacionales y ONG, que trataba, a duras penas, de proveer servicios básicos para los cuales el Estado no tenía capacidades y recursos suficientes, de defender los derechos de determinados colectivos, o de prestar asistencia humanitaria.

Tras varias décadas de planteamientos que hacían especial énfasis en la modernización de las economías y los sistemas productivos, ya fuera desde un planteamiento liberal (acompañado de políticas económicas de ajuste) o desde una óptica neomarxista (insistiendo en la propiedad desigual de los medios de producción), los insatisfactorios resultados en términos de reducción de la pobreza propiciaron el surgimiento de una corriente alternativa, que subrayaba la importancia de atender prioritariamente las necesidades básicas. Este planteamiento queda reflejado por primera vez en el año 1972 en el seno del Banco Mundial (McNamara, 1972), considerándose como necesidades esenciales la nutrición, la vivienda, la sanidad, la educación y el empleo, que se enriquece posteriormente con la noción de servicios básicos.

A partir del enfoque de necesidades básicas, la noción de desarrollo va a ampliarse para incluir también aquellos aspectos no estrictamente económicos que influyen en el bienestar de las personas. Se estaban preparando las bases de una nueva visión, más completa y más social, del desarrollo, que daría lugar al “desarrollo humano”.

Las bases teóricas del paradigma del desarrollo humano se atribuyen a Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998 por su contribución a la comprensión del desarrollo como un proceso de ampliación de capacidades y de libertades (Carlos Mataix y Beatriz Novales, 2011).

Índice de Desarrollo Humano (IDH)

Antes del surgimiento del concepto de desarrollo humano, la evolución de los países en materia de desarrollo se analizaba a través de indicadores económicos, como el Producto Interior Bruto. El cambio de enfoque en las políticas de desarrollo hizo necesaria la formulación de nuevos indicadores que posibilitasen un análisis más amplio del desarrollo de un país. El más usado actualmente es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por el PNUD.

El Índice de Desarrollo Humano tiene en cuenta tres dimensiones básicas del desarrollo: la salud (medida a través de la esperanza de vida al nacer), la educación (medida a través de los años de instrucción) y el estándar de vida (medido a través del PIB per cápita). Aunque es más completo que la simple consideración del PIB como indicador del desarrollo de un país, ha sido criticado por su simplicidad. Como respuesta a estas críticas, el PNUD utiliza también otros índices que engloban más dimensiones del desarrollo como, por ejemplo, el Índice de Pobreza Humana (IPH) y, más recientemente, el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM).

Objetivos de desarrollo del Milenio

Las preocupaciones en torno a las desigualdades mundiales por parte de la comunidad internacional se tradujeron en el año 2000 en la Declaración del Milenio, aprobada por las Naciones Unidas en la Cumbre del Milenio. En ella se recogen los objetivos de desarrollo del Milenio, que establecen, basándose en la concepción de desarrollo humano, una serie de metas y plazos para conseguirlas encaminadas a la erradicación de la pobreza, el hambre, las desigualdades, el analfabetismo y la degradación del medio ambiente. El año 2015 es la fecha marcada para alcanzar las metas. Se establecieron un total de ocho objetivos genéricos:

  • Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre.1200 millones de personas viven con menos de un dólar al día.
  • Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal. 113 millones de niños no acuden a la escuela.
  • Objetivo 3: Promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer. Dos terceras partes de las personas analfabetas en el mundo son mujeres y el 80% de los refugiados son mujeres y niños.
  • Objetivo 4: Reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años. Anualmente, mueren 11 millones de niños pequeños.
  • Objetivo 5: Mejorar la salud materna. Una de cada 48 mujeres muere durante el parto en los países en desarrollo.
  • Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades. Enfermedades que podrían ser evitables han echado por tierra una generación de avances en materia de desarrollo.
  • Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Más de 1000 millones de personas no tienen acceso a agua potable.
  • Objetivo 8: Fomentar una alianza mundial para el desarrollo.

En este último objetivo se menciona específicamente la cooperación con el sector privado para la consecución de los objetivos.

El papel de las pymes

Las empresas, al igual que todos los demás agentes de la sociedad, generan una serie de impactos locales y globales. Como ya se ha dicho, estos impactos pueden ser positivos (generar riqueza, dar empleo) o negativos (explotación laboral, deterioro medioambiental). Uno de los principales retos de la globalización es conseguir ampliar el alcance de los positivos y la reducción de los negativos, sobre todo respecto a las poblaciones más desfavorecidas.

Cada vez más, el sector empresarial es considerado como un actor imprescindible en las políticas de desarrollo. Su experiencia, la acumulación de conocimiento y los recursos de los que dispone hacen de él un aliado importante en la lucha contra las desigualdades y la pobreza. En los últimos años, los tradicionales actores de la cooperación internacional para el desarrollo han apostado por implicar a la empresa en sus acciones. Entre otras iniciativas, se están promocionando las Alianzas Público Privadas para el Desarrollo con el objetivo de crear sinergias que hagan las acciones de desarrollo más efectivas. En España, todo esto se recoge en el III Plan Director de la Cooperación Española (2009-2012). En este documento se hace referencia al potencial de las empresas para contribuir al desarrollo a través de dos vías: su propia actividad, fuente de riqueza y empleo digno, y acciones complementarias, empresariales o no, ejecutadas con la finalidad de mejorar las condiciones del entorno en el que se desarrollan.

Cada vez son más los ejemplos de empresas involucradas directamente en acciones de desarrollo en el Sur. Y no se trata exclusivamente de grandes multinacionales. La implicación del sector privado en la promoción del desarrollo humano, sin perder de vista la consecución de sus objetivos comerciales, parece ser uno de los elementos clave para la obtención de resultados positivos sostenibles en el largo plazo. Nos encontramos ante un momento único en el que la unión de esfuerzos se proclama como el camino hacia la necesaria transformación en sociedades más justas y cohesionadas.

Fuentes y bibliografía