RSC y PYMES

Es indiscutible el papel determinante que tiene el sector empresarial en la sociedad, tanto en el nivel local, por la actividad que desarrolla en el entorno en el que actúa, como en al ámbito global, por los efectos que dicha actividad puede tener. La empresa no es un ente aislado, sus acciones tienen impactos, tanto positivos como negativos, que afectan a la sociedad.

La globalización, las preocupaciones por promover un patrón de desarrollo sostenibles, la creciente demanda por parte de la sociedad civil de comportamientos empresariales responsables, los problemas medioambientales o el enorme avance de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), son algunos de los factores que han hecho que las empresas, al igual que el resto de sectores de la sociedad, empiecen a tomar conciencia de que su propia actividad conlleva una responsabilidad que deben asumir. Es este el contexto en el que surge la llamada Responsabilidad Social Corporativa.

Aproximaciones a la Responsabilidad Social Corporativa

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es un concepto de un creciente interés en los últimos años. Cada vez hay más indicios de que no se trata sólo de una respuesta táctica de las empresas a determinadas demandas sociales y que no es, por tanto, un simple lavado de cara, como consideran algunos de sus críticos, sino de una verdadera cuestión estratégica que condicionará el futuro de las empresas. En este sentido, se defiende la Responsabilidad Social como la herramienta clave para asegurar la sostenibilidad de la empresa a largo plazo.

A pesar del amplio debate que ha suscitado la RSE, no existe consenso generalizado sobre su definición. En el Libro Verde “Fomentar un marco europeo para la responsabilidad social de las empresas” de la Comisión Europea (año 2001), se recoge como definición genérica de RSE “la integración voluntaria, por parte de las empresas, de las preocupaciones sociales y medioambientales en sus operaciones comerciales y sus relaciones con sus interlocutores”.

Por su parte, el Foro de Expertos en RSE, constituido en el 2005 por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, da la siguiente definición en su informe:

La responsabilidad social de las empresas es, además del cumplimiento estricto de las obligaciones legales vigentes, la integración voluntaria en su gobierno y gestión, en su estrategia, políticas y procedimientos, de las preocupaciones sociales, laborales, medioambientales y de respeto a los derechos humanos que surgen de la relación y el diálogo transparentes con sus grupos de interés, responsabilizándose así de las consecuencias y los impactos que se derivan de sus acciones”

Entendiéndose grupo de interés (también conocidos por su nombre en inglés “stakeholders”) como todo aquel grupo o individuo que pueda afectar a o verse afectado por las actividades de la empresa (Freeman, 1984). En relación con las definiciones anteriores, se espera la rendición de cuentas por parte de las empresas en tres ámbitos: el económico, el social y el medioambiental. Esto se sintetiza en el concepto de triple cuenta.

La progresiva aplicación de políticas responsables por parte de las empresas ha dado como resultado una mejora de su valoración por parte de sus grupos de interés, con las consiguientes ventajas respecto a competidores no iniciados en RSE (aumento de demanda, retención de talento, fidelización de los clientes, mejora del ambiente laboral…). Es decir, la gestión adecuada y responsable de las actividades se ha convertido en un elemento diferenciador que, a largo plazo, aporta beneficios para la empresa. Es por esto que cada vez más se considera la RSE como una estrategia para garantizar la competitividad de la empresa a largo plazo, hablándose entonces de RSE estratégica (Porter y Kramer, 2002). Esta característica incentiva la creencia de que la RSE está aquí para quedarse, que no es una simple moda.

Desde el punto de vista del desarrollo de las poblaciones más desfavorecidas, ONGAWA considera que la RSE tiene un importante potencial como instrumento para acercar a la empresa a los problemas de los países del Sur, ya que permite reconocer a los afectados (positiva y negativamente) por la actividad empresarial en un determinado contexto, y establecer un espacio de encuentro entre empresas y afectados. El diálogo de la empresa con sus grupos de interés contribuye a identificar posibilidades de mejora de las comunidades locales y, al mismo tiempo, puede ser una importante fuente de innovación para la empresa, a lo cual autores como Porter y Kramer se refieren como “valor compartido” (Porter y Kramer, 2011).

Antecedentes y situación actual

Los ideales de gestión ética de la actividad empresarial defendidos por la Responsabilidad Social Empresarial puede decirse que se remontan a la época de la Revolución Industrial, pero es a partir de la II Guerra Mundial cuando realmente se dan pasos importantes, comenzando con la Declaración Universal de Derecho Humanos en 1948. Es en esta época cuando se empieza a hablar del concepto de Responsabilidad Social Empresarial. Los años 60 y 70 sirven de asentamiento, reafirmación e impulso del concepto y de acciones concretas. Las políticas económicas liberales de los 80 actúan como freno en la evolución de la RSE, pero escándalos empresariales como el de la compañía estadounidense Enron en la década de los 90 hacen que se retomen con fuerza las iniciativas de responsabilidad empresarial.

En la actualidad, la Organización de las Naciones Unidas promueve iniciativas internacionales en materia de RSE. En particular, es destacable la creación de Pacto Mundial o Global Compact, lanzado el año 2000. A través de la creación de redes de acción colectiva, el Pacto Mundial tiene como objetivo el fomento de actitudes responsables por parte de la empresa y promover así su implicación en las posibles soluciones a los principales retos mundiales. Para ello, se pide a las empresas que voluntariamente se adhieran al Pacto, que incorporen en sus políticas de actuación un conjunto de valores fundamentales recogidos en diez principios basados en los derechos humanos, las relaciones laborales, el medio ambiente y la lucha contra la corrupción.

La Comisión Europea es otro referente en responsabilidad social. Algunos países europeos han avanzado en la materia. En España, por ejemplo, se puede hablar de un gran impulso en los últimos años. Actualmente, la Red Española del Pacto Mundial es la Red Local con mayor número de entidades firmantes, existen importantes asociaciones de promoción de la RSE, varias universidades están implicadas en la investigación y el desarrollo de iniciativas, también ONG… Puede decirse sin duda que ha habido un fuerte impulso de la RSE en los últimos años en nuestro país.

 El papel de las pymes

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) constituyen una parte esencial del tejido empresarial de nuestro país. Sin embargo, en la actualidad, la responsabilidad social parece concentrada en las grandes empresas. No en vano, son éstas las que disponen de los medios necesarios para crear unidades de RSC, realizar memorias de gestión, dar a conocer sus acciones responsables… Para las pymes, este tipo de iniciativas acarrea un coste que en muchas ocasiones no pueden o no quieren asumir. Sin embargo, no puede decirse por ello que no tengan una política interna de responsabilidad.

Ser pequeñas suele ligarse a tener escasa capacidad de acción, pero no tiene porqué ser así. El reducido tamaño de las pymes les da una flexibilidad y una capacidad de reacción que las grandes empresas no tienen. Además, las pymes se caracterizan por tener trato directo con sus grupos de interés. Al estar mucho más ligadas al entorno cercano en el que actúan, las relaciones que establece una pyme con proveedores, clientes, trabajadores o consumidores son mucho más directas que en el caso de las grandes empresas. Esto hace que, en general, las pymes sean muy conscientes de los intereses, preocupaciones y expectativas de sus grupos de interés y actúen en consecuencia.

Es decir, la forma de actuar de muchas pymes de manera natural entronca con los enfoques y las prácticas promovidas desde la RSE, aunque no la tengan catalogada como tal. Por ejemplo, en materia de conciliación de la vida laboral con la personal, la cercanía en el trato permite una mayor flexibilidad en los horarios de trabajo. Consecuentemente, aunque en una primera aproximación los modelos de gestión de la RSE puedan verse como algo ajeno y difícil de aplicar para empresas de pequeña envergadura, en muchos casos no supondría más que llevar a cabo un proceso de análisis y sistematización de la forma de actuar de la empresa.

Es obvio que para ser socialmente responsables no es necesario incorporar complejos sistemas de gestión de la RSE. Al contrario, la adopción de dichos sistemas no siempre es garantía de un comportamiento responsable. Todo esto muestra el enorme potencial que tienen las pymes para conseguir mejoras en la sociedad que sean palpables.

Otra razón para comenzar a sistematizar los procesos y dar a conocer la gestión responsable por parte de las pymes es su relación con las grandes empresas. Muchas pymes actúan como proveedoras para las grandes empresas o intervienen en algún punto de la cadena de valor de los productos y servicios que ofrecen. Las nuevas líneas de acción de la RSE están enfocadas a una gestión responsable de la cadena de suministro, lo cual supone que las grandes empresas demanden la aplicación de criterios de responsabilidad a sus proveedores y subcontratistas.

Sea por una verdadera asunción de responsabilidades o por razones estratégicas, cada vez son más las voces que defienden que con la Responsabilidad Social Empresarial ha surgido una nueva forma de hacer negocios que puede contribuir a dar una respuesta más satisfactoria a la aspiración de construir un sistema económico y social más inclusivo y sostenible.

Bibliografía

  • “La responsabilidad social empresarial. Oportunidades estratégicas, organizativas y de recursos humanos”. Coordinado por Ana Moreno, Luis Miguel Uriarte y Gabriela Topa. 2010.
  • “Strategic management: a stakeholder approach”. R. Freeman. Pitman. 1984.

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